
Al hablar o referirnos a la enfermedad generalmente la asociamos a medicaciòn o utilizaciòn de suplementos o productos herbales, de acuerdo a la rama de la medicina que hayamos utilizado, pero en ambos casos creemos que èsta afecta solamente a nuestro psoma, al cuerpo físico, por tanto sentimos que estamos en camino de la recuperación.
Es como considerar que algo se descompuso dentro nuestro y hay que buscarle arreglo.
En general, podemos decir que la medicina actual está orientada a curar la enfermedad; los libros de medicina escriben sobre enfermedades; los hospitales están organizados para curar enfermedades. Por el contrario, son muy pocos los que se ocupan del estar enfermo, de la persona que se siente enferma. Este estar enfermo es lo que atañe a la esencia de la enfermedad, lo que la enfermedad le revelará a cada persona. Sólo el enfermo sabe lo que le sucede, lo que siente al estar enfermo y de esta relación con la enfermedad surgirá un aprendizaje: aceptará su situación o se enojará.
En nuestra cultura, se parte de la premisa de que es el médico quien curará a la persona enferma; es decir, el enfermo entrega su cuerpo al conocimiento de otra persona. Sin embargo, debiera tenerse en cuenta que el cuerpo es propio de la persona enferma y ésta es, en última instancia, quien elige el tratamiento a seguir. Esta es una decisión muy importante en la vida de la persona enferma y, por lo tanto, deberá ser respetada.
El médico, también, desarrolla un proceso de aprendizaje con lo que le ocurre a cada uno de sus pacientes y sería deseable que su actitud fuera sólo de acompañamiento, sin presiones ni exigencias en cuanto al tratamiento a seguir.
Si bien se han logrado controlar muchas enfermedades y se ha progresado en la investigación química y física de la enfermedad muy poco se ha avanzado en cuanto a lo que se refiere al hombre y su enfermedad como un todo. Frente al hombre enfermo lo que posibilita la ayuda es la pregunta inteligente, la pregunta movilizadora, ya que la respuesta está dentro de cada uno; no es posible esperar que la respuesta nos la de otra persona (en este caso en particular: el médico).
Desde el punto de vista espiritual, es necesario considerar lo que acontece en cada experiencia de vida. La infancia, adolescencia, madurez, ancianidad y muerte de un ser humano constituyen un proceso preparado para desarrollar una determinada experiencia de vida. Y es, entonces, dentro de este marco de referencia donde debemos encuadrar y considerar la enfermedad de un ser humano, la cual le dará la posibilidad de un aprendizaje, de considerar la vida de un modo distinto. Por lo tanto, es importante recordar siempre que toda situación de vida tiene un sentido y nos es dada para nuestro aprendizaje.
Desde el punto de vista espiritual, es necesario considerar lo que acontece en cada experiencia de vida. La infancia, adolescencia, madurez, ancianidad y muerte de un ser humano constituyen un proceso preparado para desarrollar una determinada experiencia de vida. Y es, entonces, dentro de este marco de referencia donde debemos encuadrar y considerar la enfermedad de un ser humano, la cual le dará la posibilidad de un aprendizaje, de considerar la vida de un modo distinto. Por lo tanto, es importante recordar siempre que toda situación de vida tiene un sentido y nos es dada para nuestro aprendizaje.
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